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Tal como lo hacen los padres al enseñarle a sus hij@s a caminar, andar en bicicleta y tomar sus propias decisiones, una incubadora cumple el rol de guiar al emprendimiento para iniciar sus operaciones de forma exitosa.

Chile lleva ya una buena cantidad de años trabajando en crear y establecer un ecosistema de emprendimiento adecuado para generar iniciativas potentes, escalables y -por cierto- posicionar al país dentro de los principales polos de cambio mundial.

No cabe duda de que el talento existente se está explotando e impulsando mediante diversas instituciones y herramientas.

Sólo a modo de ejemplo podemos hablar de Corfo con su programa Start-Up Chile, aceleradoras privadas e incubadoras de diferentes casas de estudio, organizaciones que permiten validar los emprendimientos mediante modelos de negocios que los transforman en negocios atractivos y exportables.

Hay matices para orientar un emprendimiento: mentorías, asesorías, networking y disponer de distintas instancias para postular a fondos.

En esta línea, todas las incubadoras -como los padres- tienen algo en común: luchan, en conjunto con los emprendimientos, para hacer de sus proyectos una oportunidad con proyección global, que se conviertan en emprendimientos con valor y los mismos emprendedores puedan aprender a dirigirse para ir logrando sus metas de forma gradual y exponencial.

Se trata de un trabajo que lleva casi dos décadas y ya está dando frutos. El 23 de febrero de 2018 la University Business Incubator (UBI) identificó a las mejores veinte incubadoras y aceleradoras ligadas a una institución educacional a nivel mundial.

Mediante la categoría World Top Business Incubator, se otorgó a nuestra incubadora el decimoquinto lugar por el impacto y rendimiento de excelencia con relación a sus pares de categoría global.

Este año el ranking contó con la presencia de dos incubadoras chilenas dentro de las veinte primeras a nivel mundial, en nuestro caso por segunda vez consecutiva. También Chile destacó a nivel de aceleradoras y a nivel regional. Esto demuestra que las cosas se están haciendo bien.

Estamos frente un escenario que permite que cada día exista más espacio para el emprendimiento porque ya no se ve como un imposible, lleno de trabas y peros.

El desafío por delante es cómo seguir aportando para el nacimiento y desarrollo de las nuevas empresas. En definitiva, esto ya no es un juego, es ver cómo recorrer un camino, en el que -como padres- ahora ya soltamos las manos de nuestros hijos para que puedan caminar, aprendiendo a crecer y a soñar en grande.

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