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Según la Novena Encuesta de Innovación en Empresas la falta de capital humano capacitado es uno de los principales problemas para desarrollar innovación en las compañías. Ante esa realidad, surge una pregunta central: ¿qué impide que nos capacitemos en esta disciplina?

La innovación es siempre mejor negocio que el tradicional, ya que permite tener un período de exclusividad y hasta puede llegar a ser un proyecto exponencial.

Desde el área que lidero, tenemos la meta de desarrollar conocimientos, habilidades y actitudes que habiliten a las personas, para tener trabajadores que sean participantes activos de los procesos de innovación y así utilizar todas las potenciales capacidades de la organización.

La innovación es una disciplina y tiene un método, por lo que estoy convencida de que todos podemos aprender a innovar. Lo importante es entender el rol que juega cada uno.

Si bien en la empresa la decisión en torno a qué innovar proviene de la gerencia, el cómo es mucho más efectivo si viene desde los trabajadores, quienes día a día se contactan con los clientes y los procesos. Si bien es poco probable que todos estén involucrados, sobre todo al principio, sí es necesario que todos estén interesados en que el camino funcione.

Es muy importante entender que uno puede ser lo que quiera ser. La suerte y las oportunidades existen, sin embargo, no podremos aprovecharlas si no estamos en ese momento arriba de la ola. Para esto hay que tener un propósito y esforzarse para lograrlo, trabajar duro y dedicarle horas de estudio y entrenamiento.

Cuando hablamos de innovación es así, aprender haciendo. Para ello entendemos que la mejor manera de anclar el conocimiento es en gerundio. Aprendemos a colaborar, colaborando; aprendemos a conectar, conectando; aprendemos a co-crear, co-creando; y aprendemos a innovar, innovando.

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