En un contexto de desaceleración económica bien cabe la pregunta en torno a si los nuevos emprendedores estamos alineando los intereses de las empresas con nuestros colaboradores.

En esta compleja situación actual, se han tenido que ajustar los organigramas, pensar en externalizaciones y buscar mejoras en eficiencia e innovación para enfrentar nuevos estándares de mercado y fuerte competencia.

En otros casos, se han debido tomar decisiones extremadamente más difíciles, como tener que dejar de contar con los servicios de quienes llevan años en la empresa, quienes han sido parte del crecimiento y del progreso de ésta.

Cuando se evalúa esto, es inevitable detener la marcha y pensar que pese a que siempre se buscó entregar las mejores condiciones laborales, entender el valor del trabajo en equipo y el aporte de cada una de las personas que fue parte, las decisiones tomadas implican tremendos cambios y problemas para todos los involucrados.

Pero, a diferencia de lo que creemos, podemos sorprendernos con algunas de las reacciones. Escuchamos a personas agradecidas, que transmiten el cariño que le tenían a su trabajo y todo lo que recibieron de él.

Estas palabras nos hacen cambiar los sentimientos de tristeza por tranquilidad y satisfacción, entender por medio de reflexiones conjuntas de dónde venimos y a dónde debemos ir siempre.

Lo importante es entender que somos los emprendedores quienes estamos forjando un camino para lograr una sociedad mejor, donde se trabaje tanto por lo económico como por el mayor bienestar social.

La sociedad espera más de nosotros y -por lo mismo- debemos liderar estos cambios para construir empresas mejores y más justas.

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