No hay día en que las organizaciones busquen ser más competitivas y diferenciarse del resto, utilizando el ya recurrente concepto de “innovación” para replantearse su cadena de valor, ya sea resolviendo problemas o explorando oportunidades. Pero ¿cómo partir para que este esfuerzo genere valor?

El diagnóstico es un estudio previo a toda planificación, proyecto o proceso nuevo y consiste en recopilar y tratar información relevante de una organización con el fin de comprender su funcionamiento, así como poder identificar las debilidades y fortalezas presentes en la organización, que se traducen en el nivel o línea base para comenzar a trabajar.

Como la gestión de la innovación es un proceso que se puede y debe gestionar, es de vital importancia, antes de realizar cualquier esfuerzo, identificar cómo se encuentra la organización frente a esta temática. Saber cuál es el potencial de mejora, si ésta se encuentra preparada para enfrentarse a los objetivos que se espera lograr, así como también rescatar sus aprendizajes previos frente a la innovación que puedan apalancar el proceso. Por último, es necesario detectar errores pasados que pueden poner en jaque una implementación exitosa. Lo anterior es posible mediante la realización de un diagnóstico que nos ayude como input para desarrollar una planificación para gestionar la innovación.

Tras el diagnóstico, la organización estará en condiciones de realizar un alineamiento estratégico sobre por qué innovar y en qué.

Tras el diagnóstico, la organización estará en condiciones de realizar un alineamiento estratégico sobre por qué innovar y en qué. Además, con el ejercicio es posible definir si se implementará un piloto de sistema de gestión de la innovación en algún área específica o si se planea hacer una intervención a nivel macro, siempre asumiendo como foco alcanzar resultados reales y medibles, lo que garantiza la sistematización de la innovación.

En Transforme, consultora en gestión de la innovación, antes de iniciar un proceso de este tipo, aplicamos un scanner con distintas herramientas para evaluar el nivel de madurez de la innovación, entre las que contamos la  Innovation Scorecard, para medir el perfil innovador de una organización; el ADN innovador, que es un perfilamiento de los colaboradores que la componen; y Ready4Startups,  para saber si la empresa está en condiciones de relacionarse con startups de todo tipo.

Las evaluaciones son procesos continuos que se deben realizar periódicamente. En nuestro caso, las hacemos antes y después de una intervención y en programas continuos, una vez por año.

Cuando hablamos de innovación es importante aclarar que no existen recetas mágicas, pero realizando un buen diagnóstico, por lo menos, podemos asegurar un trabajo focalizado y que se adapta a los métodos a utilizar, considerando la organización a intervenir. Lo que ya es un buen comienzo.

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