Cuando un emprendedor toma el camino de emprender, muchos aspectos en su vida cambian pragmáticamente. Desde abandonar una posición cómoda en una relación de dependencia, hasta contar con menos tiempo con sus seres queridos, debido a que su proyecto lo necesitará “full life» en etapas tempranas.

La conocida frase «una idea vale centavos, lo que vale millones son las implementaciones», es lo primero que se debe entender en el camino inicial: idea, planificación y ejecución. Los planes sin ejecución se convertirán en inconvenientes. Decir: «soy mi propio jefe» nos hará sentir bien ante amigos y familia, pero lo cierto es que conllevará una gran responsabilidad, debiendo sobrepasar momentos difíciles, entre ellos, uno muy importante. El «valle de la muerte».

¿Qué es esto? Mucho se habla, poco se entiende. Su denominación inspira respeto y debemos tenérselo, porque determinará el punto de inflexión del emprendedor y el camino de la empresa. Caemos en el Valle de la Muerte cuando los ingresos operativos no alcanzarán a cubrir los requerimientos de capital. Los problemas llegarán juntos, siendo el aspecto financiero el principal. Sin recursos, lo primero que pasará es que las metas empezarán a incumplirse, luego los números llegarán a cero, luego ese cero pasará a deudas, luego contaminará los circuitos, hará replantear si realmente se debe seguir con el proyecto, entre otros. El final de la película será que el emprendimiento no podrá continuar sino se resuelve este problema.

Debemos ser pasionales con nuestro emprendimiento pero nunca debemos enamorarnos de nuestro propio proyecto, ya que perdemos objetividad y lo más importante, sentido de la realidad.

En Jaula de Negocios, formato de televisión acelerador de inversiones reales donde los emprendedores deben superar tres etapas para intentar ganarse un socio estratégico inversor, he tenido la posibilidad de ser la cabeza de un casting que ha evaluado a más de mil emprendedores en más de 5 países en América Latina y Europa. El 25% de ellos, es decir uno de cada cuatro emprendedores que entrevisté, se encontraba en camino al valle de la muerte sin darse cuenta de ello ¿El motivo? La ceguera emprendedora. El enamoramiento de nuestro propio proyecto, por momentos no nos permite ver el precipicio, entre otros temas importantes. Debemos ser pasionales con nuestro emprendimiento pero nunca debemos enamorarnos de nuestro propio proyecto, ya que perdemos objetividad y lo más importante, sentido de la realidad.

¿Cómo sobrepasar todo esto? Primero informándose, así podemos prepararnos para lo que será  una «batalla» relevante, en algunos casos larga, que determinará el final o no de nuestro proyecto. Entender este momento, no subestimarlo y reaccionar a tiempo. La perseverancia es el éxito emprendedor.

Segundo, no confiarse si nuestro proyecto es exitoso y posee ventas altas,  debido a que la demanda de recursos en el crecimiento será mayor que las utilidades netas generadas.

Tercero, no ajustar el ritmo de generación de recursos por miedo al crecimiento abrupto, porque se perderán oportunidades que la competencia puede aprovechar.

Finalmente, lo más importante, buscar y encontrar el nuevo socio ideal que inyecte dinero al emprendimiento y pueda llevar el proyecto a la siguiente fase. Hablo de inversores ángeles, Ventures Capitals o fondos de inversión.

A la hora de seleccionar los jurados inversionistas de Jaula de Negocios, formato que pueden ver todos los sábados a las 22:00 horas por Canal 13c, buscamos empresarios con experiencia pero que a su vez entiendan a un emprendedor. Es decir, que realmente lo hayan sido. La elección de nuestro socio estratégico es primordial. El dinero es tan importante como la persona o empresa que seleccionemos. Al final del día, los proyectos terminarán siendo las personas. Las individualidades ganan partidos: los equipos ganan campeonatos. Debemos aprender a ceder para crecer. Sumar un nuevo socio capitalista a nuestro emprendimiento será lo correcto. «Una parte de algo que vale, vale más que el todo de nada».

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