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Gestionar para creatividad y la innovación en las organizaciones muestra un sorprendente parecido a encumbrar un volantín. En ambas dinámicas existe un know how, etapas, procesos y metodologías que pueden seguirse para obtener resultados sustentables y diferenciadores.

Al igual que encumbrar una cometa, es posible que la gestión de la innovación en las organizaciones en un comienzo resulte frustrante y compleja, pero una vez que se asienta en el cielo, los procesos se disfrutan y las perspectivas se transforman, ofreciendo visión de futuro y una imagen de la que es posible sentirse orgullosos y orgullosas.

Existe coincidencia en las investigaciones sobre el tema que cuatro son los pilares sobre los que se erige la gobernanza de la innovación: cultura, personas, procesos y estrategia. Vendrían a ser como los tirantes de un volantín, ya que si alguno de sus extremos está desbalanceado va a resultar imposible elevarlo y su caída sólo develará un factum más que predecible.

También existe un hilo (Liderazgos, Tiempo, Recursos e Incentivos) dispuesto en un carrete (Sistemas de Gestión), desde el cual los gestores y colaboradores deben saber cuándo tirar y ceder para garantizar que el barrilete logre encumbrarse.

En lo personal, septiembre evoca -entre muchos otros recuerdos- la imagen de Charlie Brown y sus sempiternos esfuerzos por encumbrar un volantín, que -con gran tozudez- la mayor parte del tiempo cae al suelo.

Existe ahí un punto importante para el ámbito organizacional: cuando seguimos los mismos métodos, es esperable que nuestros resultados no cambien.

Por eso es que resulta fundamental leer con agilidad el ecosistema de innovación y usarlo táctica y estratégicamente para impulsar el éxito de las ideas/proyectos que circulan en la organización.

Si no consideramos las anomalías del terreno, lo más factible es que al correr para impulsar el vuelo de la cometa nos tropecemos con impericia, al igual que Charlie Brown cuando se lleva consigo a Snoopy. Hay que detectar tempranamente la dirección de los vientos (dolores/necesidades de clientes/usuarios y tendencias), para evitar el consumo de muchos recursos y sólo obtener resultados nulos o temporales.

Eso sí, no todo es fracaso en la experiencia de Charlie Brown y el volantín. Con su persistencia, enseña la importancia de no perder de vista que la innovación organizacional es una actividad principalmente enriquecedora y divertida.

Porque así como celebramos nuestros éxitos (mejor clima, más EBITDA, engagement, ideas y capacidades de innovación, entre otros), los errores pueden devenir en oportunidades de aprendizaje si se comparten entre sus participantes y se gestionan con inteligencia. Pero para que esto ocurra, se requiere paciencia, visión, trabajo y criterio.

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