Westworld: cuando la inteligencia artificial empuja los límites de la ética

12/02/2019 / Autor: Raquel Lop

Un mundo futuro donde los humanos crean un parque temático con robots inteligentes para el entretenimiento de las masas es lo que muestra la serie Westworld de HBO. Con una gran carga filosófica, la serie cuestiona si es justo y ético tratar como esclavos a estos robots que sienten y recuerdan de forma similar a los humanos, una reflexión interesante para hacer cuando ese mundo futuro parece cada vez más cerca.

¿Qué pasaría si robots dotados de una inteligencia artificial fueran, en apariencia, iguales a los humanos y estuviesen controlados por ellos? Ya no hablamos de las antiguas máquinas ni humanoides, sino de robots que no pueden distinguirse de las personas.

Si de la explotación del hombre por el hombre se pasara a la explotación del robot por el hombre, ¿qué pasaría?

Esta es la pregunta que plantea la serie Westworld, que cuenta ya con dos temporadas de diez capítulos cada una desde que se estrenó por primera vez en 2016. Para fines de este año o inicios del próximo se prepara la tercera.

Bajo el sello HBO, la serie Westworld fue la gran apuesta tras el éxito de Juego de Tronos, prometiendo una trama plagada de sorpresas con un contenido reflexivo sobre cuestiones morales, sobre la realidad, la existencia y sobre todo la relación de la inteligencia artificial y los humanos. Así recoge el testigo de la mítica Lost, por las teorías que los espectadores barajan entre los episodios, ya que el suspenso sobre la trama y personajes está asegurado.

Creada por Jonathan Nolan (guionista y hermano de Christopher Nolan con películas en su haber como El Caballero Oscuro u Origen) y Lisa Joy (guionista de las series Pushing Daisies y Burn Notice), también es producida por J.J. Abrams (Lost, episodios VII y IX de Star Wars).

Ambientada en un tiempo futuro, la acción sucede en un parque temático del Salvaje Oeste (tal y como su nombre lo indica en inglés), donde los humanos viajan para vivir una experiencia que les permita salir de las rígidas normas de la sociedad.

Así se presenta la oportunidad de viajar a un lugar donde todo está permitido, donde las personas pueden dejar de un lado su moral y vivir una aventura donde sus pasiones más bajas, como la violencia y el sexo, no tienen consecuencias.

En este lugar los robots, llamados anfitriones, son programados especialmente para satisfacer todos los deseos de los visitantes mediante las historias que les crean los programadores. Como si en el bucle del día de la marmota de la película Atrapado en el tiempo se encontraran, los “anfitriones” están obligados a repetir la historia que les ha sido asignada una y otra vez, o en otro caso, son reprogramados para representar un nuevo papel, siempre sin recordar lo vivido con anterioridad.

El parque Salvaje Oeste, controlado por Delos Inc., es uno de los parques temáticos que posee esta compañía, y es donde se desarrolla una parte de la serie, pues aunque el espectador asista a las idas y venidas de los visitantes del parque y de los anfitriones que viven allí, también se mostrará la parte técnica del parque. Es decir, que la historia también sucede en las instalaciones con todo el personal como programadores de robots, creadores de relatos, personal de seguridad y controladores, entre otros.

Este es el marco donde se mueve la serie que tiene como premisa clara que los humanos tienen total libertad y no sienten temor por los robots ya que éstos están programados para no herir a ningún ser vivo, apreciándose incluso en escenas donde no se apartan ni las moscas de la cara.

Hasta este punto la historia ya es interesante: un nuevo mundo con nuevas reglas. Pero todo cambia tras una actualización de software. Por un error de programación, algunos “anfitriones” comienzan a presentar anomalías de comportamiento: de repente son capaces de recordar escenas de días o vidas pasadas.

Todo se resume en la pregunta de si un robot dotado de una extraordinaria –aunque artificial– inteligencia puede llegar a ser consciente de lo que es y todo lo que esto conlleva.

Diferentes tramas, grandes personajes, mejores actores

La trama, lejos de ser lineal, salta de un personaje a otro y de unas historias a otras, proponiendo constantemente una reflexión sobre el ser humano y los avances tecnológicos. Importantes son los detalles, pues en muchas ocasiones, todo apunta a tener algo como cierto y claro para en el siguiente capítulo desmontar lo que se había dado por supuesto, siempre jugando con el uso de los tiempos.

Aun con variados personajes, queda patente que son tres los personajes principales quienes llevan el peso de la historia.

El primero de ellos es el creador de todo este mundo, Robert Ford, quien, interpretado por el legendario Anthony Hopkins, es un doctor que maneja los hilos del parque, el cerebro del mismo. Su historia está unida a la de Arnold, quien busca dirigir a los robots del parque hacia una gran narrativa que trata de implantar.

Otro de los personajes clave es Dolores, la hija de un ganadero que no se plantea cuestiones sobre su identidad, pero que será la piedra angular de los acontecimientos. Interpretada por Evan Rachel Wood, este anfitrión es el más viejo del parque y suya es la carga de haber vivido más historias que ningún otro, aunque no lo recuerde.

Entre todos los anfitriones destaca Teddy (James Marsden), un noble pistolero enamorado de Dolores; Maeve (Thandie Newton), la madame del burdel del pueblo cuya trama es una de las más interesantes de la serie junto a su amiga Clementine (Angela Sarafyan); y Héctor (Rodrigo Santoro), fugitivo de la ley y ladrón.

En la parte de las instalaciones, donde se encuentran programadores, directores de contenido y supervisores de seguridad –y muy unido a Ford–, se encuentra Bernard, el programador de anfitriones en quien más confía el creador.

Los visitantes del parque más destacados son William (Jimmi Simpson) y Logan (Ben Barnes), casi cuñados, quienes esperan descubrir su verdadera identidad adentrándose en las aventuras del parque. Aunque no lo parezca en un principio, William se convierte en el tercer personaje principal de la trama.

Pero el visitante que destaca por encima de todos es el Hombre de Negro, interpretado por Ed Harris, un habitual en el parque que viaja para encontrar el sentido y pistas ocultas que los creadores han escondido.

Cuando los robots cuentan con inteligencia artificial

Una primera versión de esta serie se estrenó como película en 1973, escrita y dirigida por el novelista Michael Crichton. Y aunque comparten el mismo nombre, la versión actual tiene alguna divergencias con respecto a la original.

Si en la película, el mundo se veía desde el punto de vista de los humanos, en la serie todo se mira desde el lugar de los robots, convirtiéndose ellos en protagonistas absolutos.

Y si en la película del 73 los “anfitriones” eran meras máquinas automatizadas de la etapa industrial, la nueva versión hace gala de sus adelantos tecnológicos, con ayuda de la inteligencia artificial y la asombrosa capacidad de aprender de la experiencia.

De ahí deriva la moralidad a la que se ven enfrentados los visitantes. Si un humano pudiera aislarse y sumergirse en este mundo de fantasía donde todo está permitido, ¿cómo sería su comportamiento? ¿Descubriría partes oscuras en su interior que no sabía que existían?

La pregunta “¿Te has cuestionado alguna vez la naturaleza de tu realidad?” se repite en varias ocasiones a lo largo del primer capítulo, casi como un mantra que condiciona la mente del espectador.

Westworld además plantea otros temas, como el libre albedrío, los mundos virtuales y la privacidad de datos, generando una visión más amplia del mundo, de los límites, la tecnología, la inteligencia, las emociones, los retos, y al final, el sentido de la justicia.

Porque si un anfitrión, un robot, puede experimentar, sentir dolor y amor y aprender de sus vivencias, ¿qué es lo que lo diferencia de un ser humano? ¿Por qué no se le van a aplicar los mismos derechos que a un humano?


Imagen principal cortesía de serie Westworld cartel / HBO. Interior: Twixes / Unsplash y  Craig Sybert / Unsplash

TAGS: filosofía / HBO / Inteligencia artificial / justicia / robot / serie / Westworld

12/02/2019 / Autor: Raquel Lop

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