La exposición interactiva en el GAM que reflexiona sobre la violencia de género

31/07/2019 / Autor: Raquel Lop

Con una propuesta innovadora, tanto en su formato como en la instalación de discursos, hasta el 18 de agosto se mantendrá vigente Eva, de la artista nacional Marcela Said.

Un goteo. Cuerdas de guitarra bajo un silencio contenido. Un reloj palpita. Cantos lúgubres rellenan la pausa. Una habitación cuadrada –separada en dos estancias– que se ilumina con dos luces. Una roja, otra azul, que interactúan con otras dos pantallas presentes. Dos videos que no dejan de reproducirse.

Esta es la instalación principal, a cargo de Cristián Valdés, donde se desarrolla la exposición “Eva”, llamada así en honor a la primera mujer bíblica condenada desde su concepción, realizada por la reconocida cineasta Marcela Said.

Se trata de una exposición desgarradora, a medio camino entre el documental y la ficción mezclada con la arquitectura y el video experimental, que comenta en primera persona el caso de cuatro asesinatos por motivos de género.

Se puede leer en un muro “El femicidio es el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer cometido por hombres”.

La gran innovación llega por el formato en el que se presentan las situaciones. Una exposición que consigue que el espectador interiorice los discursos y reflexione sobre la común violencia de género que existe en el mundo y en particular en Latinoamérica.

Al entrar en la exposición, y tras bajar por una pasarela donde se puede leer en el muro “El femicidio es el asesinato de una mujer por el hecho de ser mujer cometido por hombres”, nos acoge una gran sala a oscuras, donde solo se encuentra iluminada tenuemente una pequeña habitación en el centro que se encuentra separada en dos estancias, evocando dos piezas de una casa.

Unos sofás esperan que nos sentemos mientras comienza la reproducción de un video -que se activa con el movimiento de la llegada del espectador- en la parte que parece ser un dormitorio, donde se encuentra una lámpara con luz roja tumbada en el suelo. En él, Erica Rivera, Chiara Páez, Mariana Joselín y Araceli Fulles cuentan su historia en primera persona, pero una vez muertas. Nos relatan cómo eran sus vidas, cuáles eran sus aficiones, si tenían pololo, sus relaciones con otras personas, hasta el momento en el que sus parejas o simples desconocidos las asesinan y entierran.

Rodeamos la separación de habitaciones y nos damos cuenta de que la otra parte es como una sala de estar. Allí, aún con distinto mobiliario, todo parece similar, exceptuando la lámpara de luz roja y la luz más azulada en el ambiente. También aparece una pantalla. También un video hablando en primera persona.

En esta ocasión no habla la víctima sino el agresor. Los diferentes hombres que perpetraron los asesinatos –Sergio Tamaril, Manuel Mansilla, Juan de la Cruz Quintero y Darío Badaracco– hablan desde su perspectiva.

“El trabajo de escribir la primera persona del agresor fue mucho más difícil”, comenta Marcela Said. “Me apoderé del discurso machista, de la manera en que hablan del caso, me refiero a comentarios que circulan en la esfera pública. Hay mucha menos información sobre el agresor siempre”, explica.

Esta cineasta comenta que, en un primer momento, había pensado en poner otras voces de actores a los videos pero, al editar las imágenes, “me di cuenta de que era mucho más fuerte trabajar las atmósferas y solo poner subtítulos, una técnica más cercana al documental u a otros lenguajes que circulan en la red”, señala Said.

Unos relatos escalofriantes, que la autora de la exposición recogió a partir de fotografías en redes sociales, los relatos de familiares e incluso, recortes de prensa.

“Me enterraron a 35 centímetros del suelo en el patio de él”, cuenta con subtítulos Acaceli Fulles. “Pedí ayuda. Pero nadie vino”, comentan varias de la chicas. En contraposición, encontramos frases tan alarmantes como: “Le pegaba para ayudarla a ser honesta. Le gustaba que le pegaran. Discutimos porque ella no quería abortar, y se me fue la mano”, explica Sergio Tamaril, la pareja de Erica Rivera, quien mató a ella y al feto por medio de golpes.

Con una sensación pesada en la boca del estómago, subimos a la parte superior por otra pasarela, donde varios carteles explican el contexto en el que surgió esta obra, es decir, cómo a partir del caso de Nabila Rifo, su brutal ataque y el tratamiento que realizaron los medios, la artista Marcela Said trató de generar reflexión sobre la violencia de género y los discursos que conlleva.

En este sector encontramos dos videos en una pantalla con auriculares, donde podemos apreciar el trabajo de Liú Marino –“Si muriera antes de despertar”– y de María Gracia Donoso –“Histoire de l’Oeil”–. Relatos que también pretenden hacer reflexionar sobre las imposiciones sociales a las mujeres, como la culpa por sus cuerpos y el empoderamiento necesario para traspasar esas barreras.

Esta exposición, que busca remover al espectador y convertirse en una herramienta de reflexión y transformación social, se encuentra abierta en el Museo Gabriela Mistral hasta el 18 de agosto en la sala de Artes Visuales (Edificio B, piso -1). Esta es una oportunidad para mayores de 12 años.


Imagen principal cortesía de Jorge Sánchez / GAM, Raquel Lop.

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31/07/2019 / Autor: Raquel Lop

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