Domingo interactivo: Un paseo por los museos más vanguardistas de Santiago

19/03/2019 / Autor: Raquel Lop

Recorremos los museos del centro de Santiago que más innovación presentan en sus salas, pues su apuesta es la inmersión e interactividad. Algunos de ellos son el Museo de Ciencia y Tecnología, el Artequín, el Museo Histórico Militar, el de Historia Natural, el Centro Cultural de La Moneda, el Precolombino, el MAVI, el GAM, el Museo Interactivo de Las Condes o el MIM.

Es un soleado domingo de verano, el tiempo ideal para dar un paseo por Santiago y visitar algunos de sus museos más vanguardistas. Estos lugares presentan en sus salas las últimas tecnologías para experimentar el arte de forma interactiva, siendo ideales para a toda la familia, ya que incluso hay algunos con especial dedicación para los niños.

Además de los videos e imágenes explicativas o talleres y actividades, ya tan comunes en muchos centros artísticos, en esta ocasión queremos dar un paso más allá y dedicarnos a los que cuentan con los últimos dispositivos que permiten crear una experiencia inmersiva y así empaparse de temáticas como ciencia, historia, arte, tecnología, música o literatura, entre otros.

Comenzando por el parque Quinta Normal con dos museos, después por el centro de la ciudad para acabar el día en los dos museos de comunas más alejadas como son Las Condes y La Granja.

Ciencia y tecnología

Una vez en la primera locación, el parque Quinta Normal, encontramos en ambos extremos del mismo dos museos interactivos: el de Ciencia y Tecnología y el Artequín.

Con una entrada como si de un edificio clásico se tratara, ya que mantiene elementos como columnas, plataforma, entablamento y cubierta, lo primero que encontramos son dos espejos de sonido antes de entrar, lo que da un claro ejemplo de lo interactivo que es este Museo de la Ciencia y Tecnología.

Lo más llamativo al comienzo es el interesante contraste entre lo clásica que es la fachada del edificio y lo moderno de las salas interiores, pues se exponen y explican muchas cuestiones científicas y tecnológicas para comprender el mundo en la actualidad.

Dentro de este museo encontramos varias salas con mayor y menor nivel de interacción. En la sala “Mecánica” se conocen los conceptos básicos que rigen el movimiento de los cuerpos, lo que se demuestra con mecanismos manejables por parte de los visitantes como sistemas de poleas, engranajes, columpio de choque o silla giratoria, entre otros.

Una segunda sala es la “Vegetalista”, donde se busca aprender sobre biología y biodiversidad, con secciones para observar (evolución de las plantas a lo largo del tiempo o la investigación de las raíces de un árbol) y otras para interactuar, como una sala con microscopios para ver las imágenes del tejido vegetal u otra con un videojuego que permite recorrer Chile de forma virtual y conocer la flora de cada región.

Otro punto en su interior es el espacio “Ondas”, donde se exponen modelos prácticos para aprender sobre ondas mecánicas y electromagnéticas. La siguiente sala es la de “Geología”, que cuenta con videos e imágenes explicativas.

Después encontramos la sala de “Astronomía”, con el famoso heliostato instalado en el techo y que permite visualizar (por medio de la luz desviada) una imagen proyectada del sol. También aquí se encuentra un espectroscopio que puede ser manipulado por el público para observar las líneas espectrales de emisión de algunos gases.

En el sector “Luz y Óptica”, a través de prototipos, se pueden descubrir aspectos de la óptica geométrica con el uso de espejos planos y curvos, un caleidoscopio gigante y hologramas e ilusiones ópticas.

Finalmente entramos en la sala de “Electromagnetismo” y nos permiten jugar con imanes para explorar conceptos como la atracción y otros elementos.

Arte que se debe tocar

Tras una completa visita a este museo, ideal para realizarla con toda la familia, nos desplazamos al otro lado del parque Quinta Normal para llegar al Museo Artequín. Esta vez existe un concepto más artístico, pues se encuentran en él reproducciones de alta calidad de las obras más representativas del arte occidental.

“Somos un museo de reproducciones, donde podemos tocar, sentir, oler y escuchar, permitiendo así explorar, experimentar y vincular el mundo material y el conceptual de las obras con nuestro contexto personal y local”, explican desde el museo.

Concretamente está orientado a niños entre 4 y 17 años, aunque todo el mundo puede disfrutar del interior del Pabellón París, lugar donde está enclavado el museo y que fue declarado Monumento Histórico en 1986.

Mención especial en este parque merece el Museo de Historia Natural, que ha conseguido contar la época de los dinosaurios con las nuevas tecnologías. Con una app, se puede ver cómo toman vida los animales de la exposición “Dinosaurios más allá de la extinción” en la sala central a través de la realidad aumentada o jugar a un videojuego para saber cómo evolucionan las diferentes especies.

Pero esto no es todo, pues igual que la caza de Pokémon tan famosa a nivel mundial, con la aplicación se podrá salir al parque e intentar encontrar a todos los dinosaurios diseminados, además de tener la oportunidad de sacarse una foto junto a uno.

En plena guerra

Salimos ya del Parque Quinta normal hacia la calle Agustinas y recorremos el camino por la Avenida Manuel Rodriguez Sur hasta el Museo Histórico Militar, cercano al metro Toesca y enclavado en el edificio Alcázar (Monumento Nacional desde 1990), donde nos espera una grata sorpresa de inmersión sensorial.

Realizamos un recorrido histórico cronológico desde la época Pre-Hispánica hasta la Guerra Fría y la Proyección Austral de Chile. En él se encuentran 20 salas distribuidas en tres etapas (siglos XV a XIX, siglo IXI y siglos XIX a XX). A lo largo de estas salas se pueden observar gráficas, imágenes, ambientaciones, efectos, maquetas y mapas, entre otros.

En el museo se experimentan varias simulaciones de diferentes épocas, como las de combates navales, donde se representa la cubierta de un barco a punto de hundirse. También se puede ver la escenificación de dos militares acompañados de pingüinos que realizan mediciones bajo una bandera ondeante y con temperaturas frías.

Una de las partes más interesantes es cuando el espectador realiza la función de observador en la recreación de un ataque de la Segunda Guerra Mundial. Sobre una imagen en ruinas, los visitantes divisan los destellos de un proyectil al mismo tiempo que pueden oler el humo de explosivos.

Pero sin duda, la parte más interactiva de la visita es la que recrea una trinchera de la Primera Guerra Mundial, convirtiendo al espectador en protagonista. Tras atravesar un estrecho pasillo y accionar un botón, el visitante se encontrará inmerso en un cruento ataque gracias a las luces y sonidos de bombardeo. Una experiencia totalmente inmersiva que cautivará a los asistentes.

De la Fundación Mustakis

Tras esta inmersión en la batalla, salimos del museo y subimos por la calle Lord Cochrane hasta el Centro Cultural de la Moneda. Allí accedemos a la Zona Interactiva Mustakis (ZIM) en la Plaza Ciudadana.

Esta sala cambia la temática cada cierto tiempo, pero siempre con el común denominador de aprender y descubrir jugando a través de aplicaciones tecnológicas. Actualmente se encuentra una exposición del artista Andy Warhol, y en ella se podrá experimentar con los tres elementos que usaba para su arte: los productos de consumo masivo, las noticias de diarios y las portadas de los famosos.

De la misma Fundación Mustakis es el espacio interactivo del Museo Precolombino (ZIM), al que vamos a continuación y que se encuentra cercano a la Plaza de Armas.

Especialmente dedicado a los niños, buscan que los visitantes aprendan sobre la cultura precolombina a través de actividades tecnológicas (como que los dibujos cobren vida en 3D con la realidad aumentada) y sensoriales (como sonidos de diferentes animales o el olfato de descubrir los alimentos de América Latina). Cuentan con túneles interactivos, juegos de espejos, puzles, y juegos digitales como una competición de baile de danzas tradicionales.

Arte visual y arte para descubrir

Siguiendo la ruta museística de Santiago entramos en el barrio Lastarria para visitar el Museo de Artes Visuales (MAVI) que, si bien no siempre, presenta varias exposiciones con distintos niveles de interacción. Una muestra de ello es la exposición Cronómetro, donde se introducía al espectador en un túnel de desperdicios plásticos para llevarle hasta un espacio donde se observaba el océano (creado con proyectores) rodeado de toda esa basura generada.

Muy cerca de este museo encontramos el Centro Gabriela Mistral, más conocido como GAM, en plena Alameda. Allí los niños también son protagonistas, pues encontrarán cuatro módulos tecnológicos donde aprenderán del arte de forma lúdica.

El primer módulo es el de “Música”, donde la invitación es a reconocer instrumentos a partir de composiciones de la compañía de Teatro de Ocasión.

El segundo está dedicado a la “Danza”, un lugar donde los visitantes pueden recrear distintos ritmos de música popular chilena y seguir una coreografía.

El tercer espacio es el del “Teatro”, y en él se descubren, a través de holografías de obras emblemáticas del GAM, los distintos elementos escénicos.

Finalmente, el ultimo módulo se dedica a la “Literatura”, donde los visitantes podrán conocer a través de un libro vivo parte de la biografía de Gabriela Mistral y su relación con la educación.

Los más alejados

La tarde la dedicamos a los museos más alejados del centro: el primero en Las Condes y el segundo en La Granja.

El Museo Interactivo Las Condes (MUI) está enfocado al público de todas la edades, pero tienen un especial énfasis en contenidos y temas relacionados con el currículum escolar. La clave de este lugar: la tecnología e interactividad.

A través de diferentes plataformas y lenguajes nos introducimos en temáticas de historia, ciencia y cultura. El recorrido es audiovisual con mucha interacción en sus diferentes plataformas y lenguajes, utilizando recursos narrativos como el humor, el juego y la ficción, además de la escenografía, ambientación y dispositivos tecnológicos.

Para finalizar este domingo museístico, nos desplazamos a La Granja para visitar el Museo Interactivo Mirador (MIM), que cuenta con multitud de salas con algún aspecto interactivo para aprender de forma divertida y dinámica.

Algunas de estas salas son: “Mecanismos”, donde se descubren aplicaciones de la mecánica como el equilibro, la estabilizada o el concepto de masa; “Fluidos”, con aspectos como la velocidad del viento y las diferencias de presión, la tensión superficial y su relación con la formación de pompas; “Tierra”, donde los visitantes pueden conocer el dentro de la Tierra desde una dimensión sensorial, pueden vivir un sismo de magnitud 8 o pueden incluso generar un tsunami; la sala “Luz”, donde podrán interactuar con combinaciones de colores y conocer el espectro visible humano; o la sala “Electromagnetismo”, lugar donde experimentar con corrientes eléctricas, polarización, campos magnéticos o generación de electricidad con imanes.

“Ciudadeda” está dedicada a niños menores de ocho años para que puedan experimentar con lupas, espejos o imanes. Como curiosidad, en la sala “Robótica” se desarrolla un taller donde los visitantes pueden programar un robot.

Pero la parte más interactiva se concentra en el pasillo central con la popular “pared de clavos”, además de la cama de la misma índole. Allí también se encuentra un taller de construcción, donde se puede pasar al “Túnel Universo”, una exhibición interactiva de forma análoga, corporal, digital e inmersiva sobre astronomía.


Imagen principal cortesía de Michał Parzuchowski / Unsplash. Interiores: Ousa CheaAndrei Lazarev y Stijn Swinnen  / Unsplash. GAM y MIM.

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19/03/2019 / Autor: Raquel Lop

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