¿Qué son los Bonos de Impacto Social? Cómo el Estado y el sector privado cooperan por mejoras sociales y medioambientales

17/07/2019 / Autor: Raquel Lop

Surgidos en Reino Unido, los Bonos de Impacto Social (BIS) son un instrumento financiero que vincula el pago de los servicios con resultados de determinados objetivos sociales o medioambientales, convirtiéndose en una herramienta política innovadora. En la actualidad, se desarrollan a lo largo de todo el mundo y en diferentes ámbitos.

El desempleo, las enfermedades, el agua potable, los problemas de vivienda, la delincuencia o la contaminación. Algunos de los principales problemas a los que se enfrenta cualquier país del mundo. Para tratar de superarlos, los gobiernos desarrollan programas de impacto social, que tienen más o menos éxito dependiendo de las condiciones, pero que en muchas ocasiones no son resolutorios debido a que las arcas fiscales no alcanzan para las necesidades de la población.

Con el fin de responder las anteriores, se crearon los Bonos de Impacto Social (BIS). Operan como un instrumento de financiamiento con tasa de retorno, donde la ganancia debe estar ligada a un objetivo social o medioambiental. Un contrato “basado en resultados”, en que la inversión en una empresa social está vinculada a que si cumplen o no las metas.

Se trata de una herramienta de política pública innovadora y cada vez más popular, porque al vincular pagos con resultados, los gobiernos transfieren el riesgo a los inversores privados. Ofrece, además, inversiones a más largo plazo, lo que es inusual en nuestro contexto de empresas “sociales” que a menudo dependen de algunas más cortas e irregulares. Particularmente, lo que ocurre en Chile.

“Los BIS ofrecen una tasa de retorno similar a otros instrumentos financieros, pero su gran característica es que esta ganancia está ligada a un objetivo social o medioambiental específico con claros indicadores de resultado, y es aquí su gran característica que el Estado no le paga al emisor del bono hasta que no se cumplen los resultados de impacto de la intervención y, por ende, los inversionistas no reciben sus retornos”, explica Luis Felipe Slier Muñoz, Director de Ingeniería Comercial en la Universidad San Sebastián (Concepción), según una columna publicada en el diario El Sur.

Las ventajas de estos bonos son varias. Para el gobierno, permite pagar en función de resultados, liberándolo del riesgo financiero; para los proveedores de los servicios sociales, al no ser financiados en función de resultados y al ser pagados por sus servicios, no comparten el riesgo del modelo tradicional, además que pueden colaborar diferentes organizaciones al mismo tiempo para conseguir resultados; para los inversores, ofrecen doble retorno (blended return), al combinar objetivos sociales y rentabilidad.

Para la sociedad las ventajas son notables: los BIS financian actividades y sectores que no siempre pueden ser atendidos por organismos públicos. Algunos temas, como la delincuencia y la seguridad, pueden financiarse con este esquema con programas de prevención difíciles de obtener por otra vía.

Sin embargo, en los casi diez años desde sus inicios, también existen críticas al respecto. Por un lado, se encuentran los costes de transacción en relación al alcance de las intervenciones, dificultando la participación de organismos más pequeños. También “la incentivación de conductas perversas por parte de inversores y ONG a la hora de elegir los resultados que garantizarán el éxito de la intervención y por el que serán remunerados. Esto se refiere a las conductas llamadas creaming (prestar el servicio solo a las personas que tienen más probabilidades de alcanzar los resultados prefijados) y parking (dejar a un lado a las personas que requieren más recursos o atención)”.

Junto a los dos cuestionamientos anteriores, también se encuentra el problema de que la administración que se beneficia por el ahorro no es la que soporta el costo de intervención para resolver el problema. Así como suele primar el criterio económico frente al de impacto social, la falta de continuidad en las intervenciones; o la falta también de un mecanismo de retroalimentación para informar sobre las políticas sociales, por ejemplo, según la revista de innovación social Compromiso Empresarial.

Reino Unido y otros países en la actualidad

La aparición de los Bonos de Impacto Social fue el 2010, en Reino Unido. La crisis financiera de ese entonces también propuso un creciente mercado de inversión social, además de cambios legislativos. Todo esto desembocó en la búsqueda de nuevas formas de entregar y mejorar la eficacia de los programas de bienestar.

Fue en septiembre cuando Social Finance UK, junto con el Ministerio de Justicia británico, empleó los bonos en la prisión de Peterborough, cercana a la ciudad homónima, para reducir la reincidiencia carcelaria juvenil.

Según estadísticas del Ministerio de Justicia de Inglaterra y Gales, el porcentaje se estancó en un 33,3%, cifra que en el 2000 era ligeramente superior, con un 33,7%. De acuerdo con la BBC, el objetivo del nuevo modelo de bono era conseguir que dos mil prisioneros, con una condena menor a un año, no volvieran a delinquir tras su salida de prisión.

“El gobierno británico propuso pagar los bonos solo si se alcanzaba una reducción de al menos 7,5% en la tasa de reincidencia. Los hombres recibieron asistencia por parte de ‘proveedores de servicio’ durante 12 meses antes y después de su liberación, y los resultados fueron un éxito: la reincidencia se redujo en un 8,39% (de acuerdo con lo estimado por dos universidades y una consultora)”.

En los casi diez años desde que surgieron los Bonos de Impacto Social han logrado difusión en todo el mundio. En la actualidad, se han registrado más de 100 propuestas, en más de 20 países abarcando cerca de US$400 millones. Además de los ya realizados, se encuentran más de 70 BIS en fase de desarrollo, esperando su crecimiento gracias a las políticas implantadas en la Unión Europea y Estados Unidos.

En Latinoamérica, Colombia fue el primer país que lanzó un BIS para generar empleo en poblaciones desplazadas por el conflicto armado. En 2015 Perú lanzó algo similar, un Bono de Impacto de Desarrollo para beneficiar a poblaciones indígenas del Amazonas. En la actualidad, hay proyectos similares en Brasil, Chile, Costa Rica, Ecuador y México.

Susana García-Robles, especialista principal de la Unidad de Acceso a Financiamiento del BID-FOMIN, dijo a BBC Mundo que es difícil predecir el éxito que puedan tener estas primeras “pruebas piloto” en la región.

“Sabemos que los BIS han tenido mucho éxito en Inglaterra y otros mercados desarrollados, vamos a tener que ver si realmente este es un instrumento bueno para América Latina”, señaló.

El caso de Chile

Recientemente se ha realizado una publicación para abrir el debate sobre los Bonos de Impacto Social y así poder generar las condiciones para su implementación en Chile. El objetivo sería estimular el mercado de la inversión social en el país.

“¿Cuál es el potencial de los Bonos de Impacto Social en Chile? Exploración de nuevas oportunidades para la industria social”, se titula la publicación a cargo de dos académicos. Pablo Muñoz, PhD, profesor de Emprendimiento y director del Centro de Emprendimiento de la Universidad de Liverpool y profesor visitante de la UDD; y Jonathan Kimmitt; PhD, profesor de Emprendimiento en la Universidad de Newcastle, en Reino Unido.

En el estudio se analizan las implicancias de las políticas públicas relacionadas con el diseño y la implementación de estos mecanismos, con una herramienta de diagnóstico para economías emergentes.

Nuestro gobierno hizo un compromiso para facilitar los BIS a través de la División de Innovación del Ministerio de Economía y Corfo. Sin embargo, existen varios desafíos que se deben resolver para su implementación. Entre ellos, el hecho de que las áreas sociales prioritarias actualmente no están claras. Pablo Muñoz indica que lo fundamental sería identificar y dar prioridad a las problemáticas, además de la identificación del grupo objetivo.

El académico explica que existe la intención de alinearlos con los 16 puntos del mapa de vulnerabilidad de Chile, Compromiso País, pero que no sería suficiente. Es por lo anterior que junto a Kimmitt proponen una herramienta de diagnóstico para analizar hasta qué punto ese problema a resolver necesita de la creación de un BIS.

Otro de los asuntos claves de este tipo de instrumentos financieros es la colaboración pública-privada que demandan.

“Son una herramienta de inversión social nueva para el contexto chileno, que tienen a la base la idea de pago sobre resultados y cambio social. Esto desafía la lógica de provisión de servicios sociales y relación entre Estado y empresas sociales. Además, en contextos donde se han implementado, los BIS tienden a hacer sentido a nivel de política pública macro, pero genera conflictos cuando el instrumento se operacionaliza en contratos y baja a los prestadores de servicio y beneficiarios. Es muy intensivo en generación de datos, puede ser restrictivo y terminar desincentivando aprendizaje y colaboración público-privada, lo cual está en la base del éxito de un BIS”, asevera Muñoz.

Respecto al tiempo de diseño, este profesor de emprendimiento indica que “en Chile, en promedio, debiera durar al menos dos años con un costo estimado de US300.000 (etapa de preparación, pre-intervención), pensando en intervenciones de 3-5 años, con montos superiores al US 1 millón”.

Según indica el informe, algunos BIS en economías emergentes han tenido problemas legales al establecer este tipo de contratos, principalmente en relación a si los gobiernos pueden permitir la actividad lucrativa de los inversores, considerando desafíos legales en el pago de los inversionistas. También problemas éticos: ¿Es adecuado que inversionistas obtengan retornos financieros sobre problemas sociales?, comenta el informe.

Finalmente, la publicación concluye que: “En Chile la industria social está creciendo, pero la evidencia indica que su capacidad de medir impactos sociales es bastante limitada. En este caso, la implementación de un BIS va a requerir desarrollar capacidades que en la actualidad no están disponibles. Esto es tiempo y recursos».


Imagen principal cortesía de Perry Grone / Unsplash

TAGS: Bono de Impacto Social / herramienta de financiamiento / objetivo medioambiental / objetivo social

17/07/2019 / Autor: Raquel Lop

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