Un recorrido por el primer edificio de WeWork en Chile, la startup de arriendo de oficinas más importante a nivel global

17/05/2019 / Autor: Marcelo Salazar

Una de las startups más importantes del mundo llegó el año pasado a nuestro país con su modelo de arriendo de oficinas que, de acuerdo con un informe elaborado por una consultora internacional, generaría aportes significativos para las economías en que se asientan. Hicimos un recorrido por el edificio ubicado en Apoquindo para entender por qué son un referente a la hora de hablar de cowork y espacios colaborativos de trabajo.

“¿Qué te trae hoy a WeWork?” Es lo primero que pregunta la ventana emergente en un segundo intento de conexión a la red Wifi. Sentado en los “Hot Desk”, ubicados al costado derecho de este piso 22, es posible ver una parte de Santiago y la cordillera. A este espacio exclusivo para miembros lo precede una sala para meditar, tres cubículos para llamadas, la recepción, una cafetería y una cocina autoservicio. También destacan dos terrazas amplias donde se hacen desayunos, reuniones, partidos de taca taca, tenis de mesa y otras cosas reconocibles desde aquí. El primer asiento que encontré para ponerme a escribir.

WeWork es la startup de arriendo de oficinas más importante a nivel mundial, con una valoración en el mercado que supera los 20 mil millones de dólares. Estamos hablando de un Uber, un Cabify, un Airbnb, compañías que primero pensaron en resolver una necesidad específica y que hoy interpelan a sus industrias correspondientes. El modelo suena, se lee simple, pero en su momento fue arriesgado. Incluso, ninguneado por el decano de la facultad de negocios donde estudiaba Adam Neumann, uno de sus fundadores.

Imagen referencial (WeWork.com).

Arrendar plantas de edificios para luego ofrecerlos a grandes empresas y emprendimientos interesados en un nuevo espacio u oficina. Desde su empresa matriz, The We Company, aseguraron debutar en Wall Street este año y así expandirse por los distintos mercados. Ya cuentan, según sus cifras, con una comunidad internacional de 400 mil miembros en 100 ciudades, buscando crear la red física más grande del planeta y con conceptos como “gracias a Dios es lunes”.

Una gran torre azul luce imponente e iluminada a un costado del metro Manquehue. Su diseño es engañoso ya que hace pensar que en realidad son dos edificios, pero esta infraestructura ubicada en Apoquindo es una. El debut de WeWork en Chile.

En la recepción es posible ver un gran flujo de gente que aumenta y se apelotona pasado el torniquete, donde una pantalla establece qué ascensor con letra lleva al 22.

Somos seis los que llegamos a ese piso y registramos nuestra visita en recepción ante jóvenes que lucen poleras alusivas. Llevan una simpatía militante bajo un mural –“Chile Po!”– destellante y bien combinado con los ojos de la encargada de dar un tour por las instalaciones. Rodeamos la cocina autoservicio, que ofrece agua de distintas frutas que se traslucen en grandes fuentes verdes, para salir a una de las dos terrazas. El vaso, que es metálico y agudo, dice “WeWork”. La taza negra, también. Mientras, la guía por esta ocasión comenta la necesidad de generar una comunidad.

Imagen referencial (WeWork.com).

Ella es joven, rubia, argentina y encargada de estas mismas funciones en Buenos Aires, donde hay cinco edificios de WeWork. Avanzado el recorrido pregunta por el diseño de las paredes, las que siempre tienen tintes alusivos al país en cuestión. Al otro lado de la cordillera, sonríe, hay espacios para el tango, la gastronomía y el fútbol “con alusión a River y Boca”.

Desde este espacio común de WeWork, un par de pisos más abajo están las oficinas de las “enterprises”, las compañías grandes. Es clara la diferencia al existir una mampara que divide la zona de recepción, la que deja ver también una cocina autoservicio pero más pequeña, al igual que el número de mesas. Arriba eran más, con una forma circular que permitía la vista a distintas situaciones. Como una reunión, por la distancia de sus participantes. Como una entrevista, por la grabadora encendida. Como el cierre de un posible negocio, por la consistencia del apretón de manos y un aviso de juntarse de nuevo.

Espacios colaborativos de trabajo

Imagen referencial (WeWork.com).

HR&A Advisor, consultora internacional en la industria de bienes raíces y desarrollo económico, desarrolló un primer informe sobre el impacto económico y social de WeWork en 75 ciudades. Santiago también se encuentra incluida en la investigación, con este y el edificio ubicado e Mariano Sánchez Fontecilla, también en Las Condes.

Según los datos publicados, el 56% de los miembros de WeWork no trabajaban en el vecindario antes de unirse a esta comunidad. Es una cifra importante pensando en el consumo de los negocios aledaños, ya que el 21% de los miembros dice visitar locales cercanos como restaurantes y cafeterías. En dicha publicación también se determinó que un 76% de sus usuarios se movilizan a pie, en bicicleta o transporte público. También, que esta compañía otorgaría un multiplicador económico de 3,7, lo que en términos simples es la generación de 2.7 empleos según sus parámetros.

Dado sus números, el promedio se estima en 10 mil nuevos puestos de trabajo. WeWork, en Santiago, contribuyó directamente con $882.979.000.000 del PIB según HR&A Advisor.

Pese a lo que se piensa, WeWork no sería un cowork propiamente tal ya que un mínimo porcentaje de su negocio estaría enfocado en ello. Se prefiere hablar de “espacios colaborativos de trabajo”, refrendado en este piso, el de las enterprises.

El reporte señala que el 26% de los miembros en nuestra capital son pequeñas empresas y startups, las que tendrían un 12% más de probabilidades de sobrevivir que aquellas ubicadas en oficinas convencionales. El 40% admite que estar aquí lo ayudó a acelerar su crecimiento, debido al ahorro que significaría no estar preocupados de arriendos y costos de mantención.

A medida que exhibe este piso, la mujer encargada de dar a conocer el lugar comenta que estos pasillos están ideados para que dos personas lo compartan y se den cuenta de quien tienen al frente. Esto evitaría mantenerse pegado al teléfono, en dicho caso.

En términos de uso y diseño, deja en claro que es posible hacer lo que se quiera menos tapar estas paredes transparentes que deja ver, entre otros, algo que parece una charla o capacitación. Este recorrido en forma de “C” culmina con una de las últimas oficinas: la de WeWork. ¿Dónde más estarían? Ella sonríe a los presentes tras esos ventanales. “Que lástima que no esté Leandro, te lo habría presentado”, dice.

Vivir la experiencia

El Leandro al que se refiere es Basaez, Gerente General de WeWork Chile. Anda de un lado para otro, dice, porque siempre estaría hablando de la experiencia que significa estar aquí. Para la publicación del estudio de HR&A Advisor señaló que “juntos estamos reimaginando, reformando y humanizando la arquitectura de nuestro espacio, nuestros edificios y nuestras ciudades para apoyar la innovación, fomentar la conexión humana y brindar oportunidades económicas”.

El ingeniero comercial también tuvo palabras sobre a la transformación de esta startup. “Lo que comenzó como un solo espacio de coworking en la ciudad de Nueva York en 2010, se ha convertido en un movimiento global que impacta positivamente en la economía de cada país al que llegamos”.

Mientras esperamos el ascensor para volver al 22, unas pantallas exhiben a distintos miembros de aquí. Aparece el nombre, su profesión y motivo por el que están ahí, a vista de todos. Destacan asesorías legales, financieras, charlas informativas, coaching y otros ejemplos que se pierden al abrirse las puertas.

Al interior del ascensor, casi apretados, la guía por esta jornada da por terminado este recorrido express. De vuelta en la recepción, al “Chile Po!”, a los jóvenes y sus poleras. Saca su teléfono, uno de los largos, para mostrar la app oficial de este lugar. “Es un estilo de Facebook”, dice para mostrar chats con miembros de la comunidad, disponibilidad de espacios, noticias, eventos y todo lo que sea relativo aquí.

Quiere que la descargue y asumo que eso significa motivarme por este espacio. Pese a que lo sabía de antes, me insiste en que me quede en algunos de los “Hot Desk”, con la posibilidad de ocuparlo todo el día. “Para que podás vivir la experiencia”, dice. Consigue una tarjeta negra, con un diseño extraño, que servirá para volver a recorrer las instalaciones, si así lo requiero.

Sentado en la primera silla, reviso mi libreta de apuntes. Está llena de palabras sueltas y de letra corrida, por lo que pierdo interés y levanto la vista. Me doy cuenta que en estos escritorios, repartidos en cuatro filas de cinco, soy un bicho raro al escribir en papel. Todos están en sus computadores, algunos en dos al mismo tiempo.

Desechando mis apuntes, me dispongo a escribir y eso necesariamente significa conectarme al Wifi. La costumbre me lleva a poner aceptar de inmediato y no entender que debo responder una pregunta de una ventana emergente. “¿Qué te trae hoy a WeWork?”


Imágenes cortesía WeWork.

TAGS: Apoquindo / Cowork / Edificio / Espacios Colaborativos / oficinas / WeWork

17/05/2019 / Autor: Marcelo Salazar

OCULTAR COMENTARIOS