Más allá del producto: el pensamiento innovador que logra traspasar los prejuicios culturales

26/02/2019 / Autor: Paz Vásquez

Un hombre común y corriente –tan común y corriente como cualquiera de los 1.339.180.127 habitantes de la India– pero con el firme propósito de resolver una necesidad concreta de su mujer: proporcionarle toallas higiénicas a bajo costo que la mantuviera a salvo de enfermedades. Esa es la historia que muestra la película Padman, una película basada en la vida de un emprendedor que logró cambiar la mentalidad de su tiempo para generar impacto social y transformar la industria.

La mayoría de los emprendedores sueña con cambios disruptivos, con marcar un antes y un después con su idea innovadora. La mayoría de ellos, también, tiene desilusiones en el camino y atraviesa dificultades que hacen que “el sueño” sea más épico todavía.

El dinero, el éxito y la fama –si es que llegan– lo hacen para coronar una historia llena de fracasos y esfuerzos, pero el convencimiento profundo de que el “sueño” vale la pena, permanece. Queda la satisfacción de creer en algo y hacerlo lo mejor posible.

Hasta aquí la historia de Padman sigue ese patrón, sólo que este hombre –este nuevo súper héroe– no quería generar un cambio disruptivo, tampoco quería marcar un antes y un después con su idea innovadora, y mucho menos quería una travesía épica que justificara su historia de fracasos.

Sólo quería fabricar, con sus propias manos, toallas higiénicas para su mujer, en un país donde sólo el 12% de ellas las utilizaba. Otro tanto, aunque quisiera, no podía hacerlo, pues su costo era muy elevado, y de las que sí podían, no querían, debido a prejuicios socio-culturales.

Esa es la historia que cuenta Padman, una película biográfica estrenada en 2018 que se basa en la vida de un hombre real, común y corriente, nacido en India: Arunachalam Muruganantham, interpretado bajo el nombre de Lakshmi por Akshay Kumar.

Este personaje se hizo mundialmente conocido como el “hombre de las toallas higiénicas” (Pad-man), incorporándose al panteón de héroes junto con Batman y Súperman. Pero este héroe no vino de otro planeta ni nació con poderes especiales. O tal vez sí: su poder especial era tener una visión diferente, un pensamiento innovador. 

De la necesidad a la creación

Ambientado en un pueblo rural de India, Lakshmi descubre incómodo que su mujer debe dormir en un lugar apartado de la casa y a la intemperie cada vez que está en su periodo menstrual. Descubre, además, que mes a mes lava el mismo trapo viejo y sucio. Pero ante sus cuestionamientos, su mujer le responde con evasivas, pudor y hasta rabia.

“Son cosas de mujeres”, “Tu no deberías hablar de estas cosas”, “Es preferible la muerte a la vergüenza”, son algunas de las cosas que le dice a su marido cuando éste trata de ayudarla, argumentos que refuerzan las hermanas, la madre y las otras mujeres del pueblo que ven en las nobles intenciones de Lakshmi una intromisión pecaminosa, inmoral y abusiva.

La primera vez fue cuando el protagonista fue a una farmacia a comprar toallas higiénicas. Todos lo miraron incómodos y hasta el mismo vendedor la habló en voz baja, como haciendo algo indebido, casi prohibido. Y por debajo del mesón, para que nadie se diera cuenta, le entregó el paquete de toallitas.

Ante la negativa de su mujer de usar algo con un precio tan “inmoralmente elevado” –a la que ninguna de las otras mujeres de su familia tenía acceso– Lakshmi se propone crear para ella unas de bajo costo, hechas con los materiales que tiene a su disposición.

Tras el primer “prototipo” del producto, viene la etapa de prueba. Un desastre. Una serie de “pruebas y error” que terminan con el sari de la mujer manchado y la autoestima de Lakshmi cada vez más disminuida.

A pesar de eso, lograr reponerse a la decepción, y decide probar él mismo su producto, inventando para ello un sofisticado sistema que llevara un sucedáneo de sangre hasta su ropa interior.

El escándalo fue generalizado cuando todo el pueblo ve, estupefacto, el pantalón manchado de Lakshmi. Termina siendo expulsado y obligado a separarse de su mujer.

Lo que sigue a continuación es el periplo que progresivamente llevó a Lakshmi hacia la consecución de su objetivo final, una mezcla de inteligencia, astucia, buena suerte y un poco de azar, con personas en su camino que lo ayudaron a cumplir su cometido y oportunidades que fueron bien aprovechadas.

Del producto a la innovación

Así llegó a ser finalista de un festival de innovación en Delhi, con una máquina casera para fabricar toallas higiénicas. Es ovacionado, admirado; le ofrecen una patente, le ofrecen dinero, le ofrecen todo lo que cualquier emprendedor podría desear en aquel momento de “éxito”, pero él quería recuperar su dignidad como hombre y darle dignidad a las mujeres de su pueblo.

Tomó su máquina y se la llevó. Fue de pueblo en pueblo capacitando mujeres y armando pequeñas fábricas para que ellas mismas pudieran operarlas, venderlas y disfrutar de las ganancias, obteniendo, además, independencia económica de sus maridos y realización personal.

Con este modelo llegó a abarcar más del 90% de los estados de la India, generando impacto social en pequeñas comunidades locales que trajeron bienestar y prosperidad para las mujeres, para quienes hablar de menstruación ya no era tabú y comprar toallas higiénicas en la calle ya no era mal visto. 

Podría haber sido cualquier otro producto, pero Lakshmi tuvo la visión para ir más allá del mismo. Partió queriendo mejorar la vida de su mujer y terminó mejorando la vida de las mujeres de todo un país. Tuvo una idea creativa y terminó transformándola en un modelo de innovación social. Tuvo una convicción particular y terminó venciendo prejuicios. Y así, un hombre común y corriente, como cualquiera de los 1.339.180.127 habitantes de India, terminó transformándose en un súper héroe: Padman, el hombre de las toallas higiénicas.


Imágenes interiores cortesía Ishant Mishra / Unsplash. Billeasy / Unsplash

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26/02/2019 / Autor: Paz Vásquez

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